20 de marzo de 2026

Chuck Norris: No envejecía, pero sí partió

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CHARLAS DE TABERNA

MARCOS H. VALERIO

Apenas nueve días después de celebrar su cumpleaños número 86 con un video en redes sociales, donde entrenaba y bromeaba “Yo no envejezco, yo subo el nivel”, Carlos Ray “Chuck” Norris fue hospitalizado de urgencia en la isla de Kauai, Hawái tras una emergencia médica.

Fuentes cercanas contaron que la semana pasada aún hablaba por teléfono con amigos, de buen humor, soltando chistes como siempre. Nadie imaginaba que sería su última ronda.

Al día siguiente, su familia publicó un comunicado en la cuenta oficial de Instagram que recorrió el mundo en minutos: “Con gran pesar nuestra familia comunica el repentino fallecimiento de nuestro querido Chuck Norris.

Mientras deseamos mantener las circunstancias en privado, sepan que estuvo rodeado de su familia y en paz”. No hubo más detalles. No hacía falta. El silencio que siguió fue ensordecedor.

Cabe destacar que, nació el 10 de marzo de 1940 en Ryan, Oklahoma, Norris no llegó a Hollywood por casualidad. Fue campeón mundial de karate de peso medio durante seis años (1968-1974), abrió escuelas de artes marciales y entrenó a celebridades como Steve McQueen y Priscilla Presley.

Pero el destino lo llevó frente a las cámaras: Su debut memorable fue como oponente de Bruce Lee en “El camino del dragón” (1972), donde recibió la legendaria patada voladora que aún hace suspirar a generaciones.

De ahí, una carrera imparable: “Fuerza Delta”, “Los invasores de la base”, “Desaparecido en combate”… y, sobre todo, “Walker, Texas Ranger” (1993-2001), la serie que lo convirtió en sinónimo de justicia implacable, bigote icónico y frases lapidarias.

TRASCENDIÓ LA PANTALLA
Chuck no solo actuaba; inspiraba. En los 2000, internet lo adoptó como meme supremo: “Chuck Norris no duerme, espera”, “La muerte tuvo miedo de Chuck Norris y por eso él envejeció primero”.

Presidentes lo citaron, soldados lo veneraban en bases remotas, niños imitaban sus patadas en patios escolares. Era el tipo que, según el chiste, hacía que el diablo rezara antes de dormir.

Pero detrás del mito había un hombre real: devoto esposo (casado con Gena O’Kelley desde 1998), padre, abuelo, cristiano, autor de libros de autoayuda y defensor de causas conservadoras.

En sus últimos años, más que películas, publicaba reflexiones en su sitio web y entrenaba con la misma disciplina de siempre. Hasta el final, fue el Chuck que no se rendía.

Hoy, mientras el mundo comparte clips de sus patadas y frases, queda la certeza de que, aunque la muerte lo alcanzó —porque hasta las leyendas tienen un final—, su legado no se apaga. Como dijo alguien en redes: “Chuck Norris no murió. Solo se fue a patear traseros en otro plano”.

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