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CHARLAS DE TABERNA

MARCOS H. VALERIO

Un profesor con 35 años de servicio intachable decidió quitarse la vida tras ser acusado de abuso sexual por una alumna a la que, según él, no quiso aprobar con la calificación que exigía. Antes de partir, grabó un video y dejó una carta que hoy conmociona a las redes: no se declaraba culpable, sino víctima de un sistema judicial que presume culpabilidad cuando se trata de un hombre sin poder ni dinero.

Se llamaba Israel Alberto Jasso Cruz. Maestro del Instituto de Educación Media Superior de la Ciudad de México, con 25 años en el plantel Iztapalapa IV y una década más en preparatorias del Estado de México. Un hombre que, según decenas de exalumnos y colegas, jamás había tenido una sola queja en su larga carrera.

Todo comenzó cuando la alumna Estrella Yoselin Ramírez Maya le exigió una calificación que el profesor no le otorgó. Según la versión del maestro, la joven le había advertido: si no la pasaba, lo denunciaría por abuso sexual. Cumplió su amenaza.

La acusación señalaba que el profesor la había tocado en seis ocasiones en un solo día, provocándole una crisis de ansiedad que derivó en cefalea tensional. Jasso explicó que la alumna recibía apoyo académico extraordinario a petición expresa de su madre, debido a dificultades de aprendizaje.

Acudía a su cubículo como parte de ese seguimiento. En una ocasión se quedó dormida y él solo le tocó el hombro para despertarla.

ÚLTIMO MENSAJE
En su video y carta de despedida difundido en redes sociales, el profesor negó rotundamente los hechos y dejó claro que su decisión no era por culpabilidad, sino por rebeldía ante un sistema que viola la presunción de inocencia:

“Solo se respeta la presunción de inocencia si tienes dinero, poder e influencias. Yo no tenía nada de eso”.

Denunció que defenderse implica abogados caros, peritos, pruebas y un proceso largo que, aunque termine en absolución, deja destruida la reputación, el empleo y la vida entera por la “cancelación social”. Prefirió morir protestando.

REACCIÓN DE LA COMUNIDAD
Tras su muerte, estudiantes y exalumnos del plantel se han manifestado en apoyo al profesor, asegurando que nunca observó conductas inapropiadas. La comunidad educativa exige justicia y visibiliza el daño que causan las denuncias falsas.

Sin embargo, este caso debe abordarse con estricta neutralidad. Las acusaciones de abuso sexual son delicadísimas y muchas veces responden a hechos reales. Pero cuando una denuncia es falsa, el daño es doble: destruye a un inocente y debilita la credibilidad de las víctimas reales.

Padres y alumnos ahora piden cámaras en todos los salones y cubículos. Tiene sentido. Protegería a los estudiantes… pero también a los docentes honestos.

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