21 de enero de 2026

Ataques en Siria, ultimátum a Irán y control sobre el petróleo venezolano

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EL BOCÓN

Despliega EU fuerza militar y económica contra el terrorismo y regímenes adversarios, avivando tensiones en Medio Oriente y América Latina; aliados como Rusia y China condenan violaciones a la soberanía

La administración de Donald Trump ha redoblado su apuesta por una política exterior de mano dura, combinando operaciones militares directas, amenazas creíbles de intervención y un control estricto sobre recursos estratégicos.

Estas acciones, enmarcadas en la doctrina de «máxima presión», no solo responden a amenazas inmediatas, sino que parecen diseñadas para desmantelar redes de influencia adversarias, desde el Estado Islámico (ISIS) en Siria hasta los lazos entre Irán y Venezuela.

En Siria, el Comando Central (CENTCOM) de Estados Unidos, en coordinación con aliados locales, ejecutó ataques a gran escala contra múltiples objetivos de ISIS. Según el Pentágono, estos bombardeos forman parte de la Operación Ataque Ojo de Halcón, lanzada el 19 de diciembre de 2025 por orden directa de Trump.

La ofensiva surge como respuesta al atentado del 13 de diciembre en Palmira, donde un terrorista de ISIS emboscó a fuerzas estadounidenses y sirias, cobrando la vida de dos soldados y un intérprete civil estadounidenses. Esta acción no solo reafirma el compromiso antiterrorista de Washington, sino que envía un mensaje claro: cualquier agresión contra intereses estadounidenses será respondida con fuerza abrumadora.

Paralelamente, en Irán, el régimen islamista enfrenta una ola de protestas que ya ha dejado más de 50 muertos a manos de las fuerzas de seguridad. Trump no ha dudado en elevar el tono, advirtiendo que si Teherán continúa reprimiendo a manifestantes pacíficos, Estados Unidos intervendrá «con fuerza» y «los golpearemos muy duro».

Estas declaraciones, pronunciadas en un contexto de ataques previos por parte de Estados Unidos e Israel contra instalaciones nucleares iraníes en 2025, adquieren mayor peso con la reciente operación en Venezuela, un aliado clave de Irán. La escalada podría precipitar un conflicto mayor en Medio Oriente, donde la retórica belicista de Trump se interpreta como una amenaza creíble, respaldada por capacidades militares probadas.

En América Latina, la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha marcado un punto de inflexión. Lejos de buscar estabilización, Washington ha intensificado su control sobre activos venezolanos: Decomiso de petroleros sancionados (incluidos algunos con bandera rusa), planes para asumir el manejo de hasta 50 millones de barriles de petróleo pesado venezolano —que se venderían «en beneficio del pueblo estadounidense y venezolano»—, y un decreto que pone bajo «protección especial» los ingresos petroleros depositados en bancos estadounidenses.

Estas medidas afectan directamente las redes de evasión de sanciones, como la «flota sombra» usada por Irán para comercializar su crudo, rompiendo así un eje de resistencia que involucra a Teherán, Caracas y otros actores.

En resumen, estas maniobras reflejan una estrategia integral: combatir el terrorismo con precisión quirúrgica en Siria, disuadir regímenes opresores mediante amenazas en Irán, y asfixiar económicamente a sus aliados en Venezuela.

Sin embargo, el mundo observa con inquietud. Aliados como Rusia, China y Cuba han condenado estas operaciones como injerencias flagrantes en la soberanía nacional, advirtiendo sobre un riesgo de escalada mayor.

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