21 de enero de 2026

“Lady Mexibús”: cuando el discurso se impone a la ley y al sentido común

0
Screenshot_20260118_151652_Facebook.jpg

EL BOCÓN

Estado de México.—– Un nuevo episodio de imprudencia vial volvió a colocar al Estado de México en el foco de la conversación digital.

Esta vez, una mujer apodada en redes sociales como “Lady Mexibús” protagonizó un altercado al invadir el carril confinado del Mexibús Línea 4, en Ecatepec, un espacio exclusivo para el transporte público masivo y claramente prohibido para bicicletas y vehículos particulares.

El hecho quedó registrado en video y se viralizó rápidamente.

En las imágenes se observa a la mujer circulando en una bicicleta eléctrica, sin casco ni equipo de seguridad, negándose a salir del carril pese a las advertencias de policías de tránsito y reclamos de automovilistas. Durante varios minutos, la circulación del sistema se vio afectada por una discusión que pasó del desacato a la divagación.

Lo más llamativo no fue solo la violación al reglamento de tránsito, sino la forma en que la protagonista intentó justificar su conducta, asegurando que iba “más segura” dentro del carril confinado que en la vía normal, ignorando por completo que ese espacio está diseñado para unidades de gran tamaño y alta velocidad, lo que incrementa —no reduce— el riesgo de un accidente grave.

En su intento por defender lo indefendible, la mujer recurrió a frases ambiguas y razonamientos confusos, como “mis condiciones me condicionan siempre”, una especie de filosofía improvisada que solo ella pareció comprender, pero que en ningún momento sustituye la ley ni el sentido común.

Este caso abre una discusión incómoda pero necesaria: el uso distorsionado del discurso del empoderamiento.

La exigencia de derechos nunca puede estar por encima de la normatividad ni del respeto a los demás.

Cuando el empoderamiento se utiliza como pretexto para desobedecer reglas básicas de convivencia y seguridad, deja de ser una causa legítima y se convierte en un problema.

La igualdad y el respeto no se construyen imponiendo caprichos ni poniendo en riesgo la vida propia y ajena.

En este episodio, no hubo valentía ni reivindicación, sino irresponsabilidad, desinformación y una peligrosa normalización del “yo hago lo que quiero”.

Finalmente, tras varios minutos de tensión, la mujer accedió a retirarse del carril confinado.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho: interrupción del servicio, riesgo innecesario y un ejemplo claro de cómo el discurso mal entendido puede ser tan peligroso como la imprudencia misma.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *